Revelan detalles de la fuga de 13 presos en Ezeiza

En una fuga que no pudo haber pasado inadvertida para los guardiacárceles , 13 reclusos con frondosos antecedentes escaparon del Complejo Federal I de Ezeiza después de hacer un túnel en una

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celda y de romper cuatro cercos perimetrales. Dos de ellos fueron recapturados pocas horas después a escasos kilómetros del penal, desorientados y embarrados. Los presos, algunos de ellos condenados por graves delitos, como homicidio, secuestro y robo a mano armada, escaparon en los primeros minutos de ayer por un boquete de 22 por 40 centímetros. Para hacer el túnel, que comunicó la celda con un patio interno, los reclusos tuvieron que romper casi 30 centímetros de hormigón.
«La fuga estuvo ideada por cuatro reclusos, los otros nueve se sumaron cuando el plan estaba en marcha», señaló a La Nación una fuente con acceso a la investigación.
Tres de los cuatros reclusos que, según los investigadores habrían planificado el escape, fueron identificados como Thiago Ximénez, Renato Dutra Pereira y Martín Espiasse Pugh.
Los dos primeros son brasileños, que llegaron al país después de fugarse de cárceles del sur de Brasil. Luego cayeron presos en Chaco, donde lograron fugarse de la alcaidía de Resistencia y fueron recapturados varios días más tarde, en un descampado cerca de Brasil.
Espiasse Pugh tiene 35 años. Fue condenado en Mendoza a la pena de ocho años y seis meses de prisión por el delito de robo agravado por el uso de arma. Pero tenía otra causa abierta en Chubut: fue encontrado culpable de ser uno de los delincuentes que en 2007 robó un cajero automático en Rawson, hecho donde fueron asesinados dos policías. Estuvo alojado en la cárcel de Rawson, hasta que luego de unos incidentes fue trasladado al penal de Ezeiza.
«No hay dudas de que los cuatro ideólogos del escape tenían un apoyo externo. Estamos convencidos de que hubo gente que los esperaba a la salida del penal», afirmó una fuente de la investigación.
En cambio, según suponen los investigadores, los otros nueve reclusos que se sumaron a la fuga no tenían un plan concreto una vez fuera del penal. «Así quedó demostrado cuando la policía bonaerense recapturó en Cañuelas a José Durán y Claudio «Pájaro» Ortiz. Estaban desorientados y embarrados», explicó una calificada fuente oficial.
Durán, alias «Josecito», fue detenido, acusado de ser el líder de una banda que robaba bancos y que al huir, para no ser seguidos, dejaba abandonada una granada. En marzo pasado, cuando fue apresado, el jefe de la Policía Federal, Román Di Santo, dijo que la organización había asaltado, por lo menos, 14 bancos.

Boquete y túnel

La cinematográfica e inédita fuga para una cárcel de máxima seguridad argentina comenzó a la 1 de ayer en la celda 22 del pabellón B, del módulo 3, del Complejo Federal I. Los presos hicieron un boquete de 40 por 22 centímetros.
Una fuente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos sostuvo que el agujero demandó un trabajo de entre 24 y 48 horas.
La fuga se descubrió en los primeros momentos del martes, cuando un guardia no encontró al recluso que debía estar durmiendo en el colchón de la celda 22 del pabellón B, en el módulo 3. Lo que descubrió el agente, en cambio, fue una pila de tierra amontonada en un rincón.
Los evadidos abrieron el boquete sobre la pared que da al exterior del complejo de máxima seguridad y atravesaron el hormigón, de unos 30 centímetros de grosor, y construyeron un túnel de un metro de profundidad y entre dos y tres de largo a través del cual lograron salir al exterior.
Una vez afuera, se las arreglaron muy bien para recorrer unos 30 metros a campo traviesa y agujerear, con tenazas y pinzas, el primer alambrado perimetral. Después avanzaron otros 40 metros y se escabulleron, pese a los últimos tres cordones de alambres que cercaban la salida, hacía la colectora de la autopista que va a Cañuelas, donde los esperaban, presumen los investigadores, los refuerzos con los motores encendidos de sus vehículos.
«La complicidad es innegable por las características de la fuga. Para romper el hormigón de la celda se necesita tiempo, por lo menos dos días, y herramientas pesadas a las que los presos no tienen acceso. Es difícil creer que nadie haya visto nada pero más que ni siquiera hayan escuchado un ruido», reflexionó un informante.
Otro dato que revela la colaboración del SPF es la hora de la fuga. A la una de la madrugada todos los internos deben estar confinados en sus celdas, las cuales son individuales, haciendo imposible cualquier reunión. Que 13 presos hayan escapado por el mismo túnel significa que uno o más penitenciarios abrieron las cerraduras que debieron dejarlos encerrados durante toda la noche.

FUENTE: La Nación/Tiempo Argentino

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