La importancia de la bicicleta, según Byrne.

En su libro Diarios de bicicleta, el músico David Byrne, ex líder de Talking Heads, reflexiona sobre el futuro de los desplazamientos cortos y repara en un beneficio poco estudiado de ese : no sólo es más saludable y ecológico, sino que además podría disminuir el delito. La experiencia de Bogotá

Hace ya años que las principales ciudades del mundo buscan alternativas para aliviar el cada vez más abarrotado tránsito vehicular. En efecto, la elección del 19 de abril como Día Mundial de la Bicicleta fue hecha con ese horizonte. Sin embargo, esto es algo relativamente reciente: durante gran parte del siglo XX, “la única respuesta aceptada para aliviar la congestión ha sido construir más carreteras”, afirma David Byrne en “El futuro de los desplazamientos cortos”, el muy buen epílogo de su libro Diarios de bicicleta (Reservoir Books, 368 páginas).

No importa cuántas carreteras más se construya, siempre se llenarán de automóviles; cuando esto resultó evidente para los especialistas, comenzaron a surgir nuevas propuestas y, de a poco, “el viejo paradigma se está abandonando”, asegura el músico, un defensor del autotransporte en dos ruedas.

Alrededor del mundo, hay unas 800 millones de bicicletas que son utilizadas como medio de transporte o para el ocio; el ciclismo representa un completo ejercicio físico y un gran beneficio para el medio ambiente, pues su implementación supone disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Pero hay un plus no muy publicitado: según Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá citado por Byrne, la implementación de programas que incentivan el uso de la bicicleta, como el alquiler o la constucción de carriles exclusivos y parkings, también ayuda a disminuir el delito y cambia la percepción que los ciudadanos tienen del lugar en el que viven. “Cuando las calles están siempre llenas de gente, se hacen automáticamente más seguras”, agrega Byrne.

Por “más seguras” debe entenderse que la menor cantidad de automóviles no sólo puede disminuir las estadísiticas de accidentes de tránsito, sino que también el trato directo que se tiene desde una bicicleta con la crea “un ambiente de buena convivencia y sociabilidad, como ocurrió en Bogotá”. “No hace falta más polis ni leyes más estrictas para que un vecindario sea seguro. Lo que hace falta es no despojarlo de vida”.

Byrne reseña el artículo “La política de la felicidad”, de Peñalosa, en el que el ex alcalde cuenta las innovaciones que introdujo en el diseño urbano: la calle peatonal y ciclista más larga del mundo (de 20 kilómetros), el cierre al tránsito de ciertas arterias durante los fines de semana y, luego, “gradualmente, a medida que los negocios iban viendo cómo se incrementaban las ventas y mejoraba el ambiente general”, fue añadiendo más días y cerrando otras calles.

Así, una política vial no debería apuntar a mejorar el transporte para terminar con los atascos de tráfico, sino que la prioridad debe estar enfocada a mejorar la calidad de vida, y ese debe ser su verdadero objetivo. Peñalosa agrega un argumento más a la discusión: privilegiar el automóvil es privilegiar a quienes lo poseen, “los más ricos”. Por eso, “construir una buena acera es construir democracia”, “un símbolo de igualdad”.

En Diarios de bicicleta, David Byrne agrega otro elemento al debate, que es, justamente, el que está en el fondo del libro: “El sentido de libertad y el placer que me da”. En las más de dos décadas que lleva movilizándose en bicicleta -tanto en Nueva York, donde vive, como en las diferentes ciudades que ha visitado durante sus giras y cuyos recorridos se reproducen en el libro-, el ex líder de Talking Heads dice haber experimentado “un sentimiento de libertad”, “la sensación de liberación física y psicológica”. “Ver las cosas desde un punto de vista cercano a los peatones, los vendedores y los escaparates, combinado con el hecho de moverse por ahí sin sentirse totalmente divorciado de la vida de la calle, es un puro placer”.

De ese placer nace el libro en el que el músico estadounidense plasma su visión de ciudades tan disímiles como Nueva York, San Francisco, Londres, Sidney, Manila, Buenos Aires, Estambul o Berlín, montado sobre las dos ruedas.images

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