El Papa Francisco fue aclamado por 1,5 millones de católicos en Copacabana

Francisco, el «papa de los pobres», fue aclamado bajo la lluvia por un millón y medio de personas al recorrer en papamóvil descubierto la avenida que bordea la playa de Copacabana, tras visitar más temprano una favela.e_1374806978

Al igual que en sus anteriores paseos en papamóvil, el primer
papa latinoamericano de la historia rompió el protocolo y se
mostró llano y accesible: estrechó manos, besó niños, cambió su
solideo (el casquete de seda blanco) por otro que le entregó un
fiel, y hasta tomó un mate que le ofrecieron.
«La fe de ustedes es más fuerte que el frío y la lluvia.
¡Felicitaciones!», dijo en su saludo de bienvenida a los
peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en un
inmenso escenario instalado en la arena.
Atendiendo un pedido del pontífice, el alcalde de Río envió a
una monja una canasta con una docena de huevos para ser colocada a
los pies de Santa Clara, pidiendo que el tiempo mejore.
Francisco pidió también a los jóvenes «entrar en la revolución
de la fe» y les advirtió que «el tener, el dinero, el poder pueden
ofrecer un momento de embriaguez» pero «al final nos dominan y nos
llevan querer a tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos».
«¡Poné a Cristo en tu vida!», pidió el papa argentino.
La organización de la JMJ estimó la multitud en 1,5 millones de
personas. La policía no dio estimaciones.
A unos 6 km de allí, en Leblon, centenas de jóvenes
manifestantes, algunos encapuchados, gritaban «¡A peregrinar a
Copacabana!», en una protesta contra el gobernador de Río y el
gasto público por la visita del papa, constató la AFP. Un fuerte
contingente policial les bloqueaba el paso.

Caminando en la favela

En la mañana, el papa conoció un lugar muy diferente a la
turística Copacabana: la favela de Varginha, gris y chata, donde
caminó por las calles, saludó y conversó con vecinos, se puso un
collar de flores que le regalaron, bendijo el nuevo altar de la
humilde parroquia aún en construcción, y entró en una casa a
saludar a una familia.
Frente al enlodado campo de fútbol donde se apiñaban 25.000
personas, afirmó que la «pacificación» de las favelas de Río,
reconquistadas por la policía de manos de narcotraficantes y
milicias parapoliciales, no durará si la sociedad brasileña
margina a sus pobres.
«Ningún esfuerzo de pacificación será duradero, ni habrá
armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y
abandona en la periferia una parte de sí misma», dijo.
El primer papa latinoamericano urgió asimismo a los jóvenes «y
a todos» a no perder la esperanza frente a la corrupción, un mal
que carcome a Brasil desde hace décadas.
«Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad
ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los
casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el
bien común, persiguen su propio interés», dijo.
«A ustedes y todos les repito: nunca se desanimen, no pierdan
la confianza, no dejen que la esperanza se apague», añadió.
Hartos de la corrupción arraigada en la clase política, sobre
todo en el Congreso, donde hay muchos legisladores acusados y
condenados por graves delitos, más de un millón de brasileños -en
su mayoría jóvenes- se volcaron a las calles de todo el país en junio.

«Que haya lío»

El discurso del papa en la favela, en portugués, fue llano y
estuvo salpicado de humor e improvisaciones.
«Habría querido llamar a cada puerta, decir buenos días, pedir
un vaso de agua fresca, tomar un cafezinho. ¡Y no un vaso de
cachaça (licor de caña de azúcar)!», dijo entre risas.
Emocionada, María Lucia dos Santos Penha, que recibió a
Francisco en su modesta casa este jueves, calificó a la visita del
pontífice como «el mejor regalo de mi vida».
Francisco busca revitalizar la Iglesia, que pierde fieles
frente al ascenso de los evangélicos y del laicismo. Varginha, por
ejemplo, tiene una sola iglesia católica y cuatro neopentecostales.
El papa se reunió también con miles de sus compatriotas
argentinos en la catedral metropolitana, donde les urgió a sacar a
la Iglesia a las calles.
«¿Qué quiero de la JMJ? Quiero que haya lío (…) Quiero lío en
las diócesis», dijo. «Quiero que la iglesia salga a la calle (…)
La Iglesia no puede ser una ONG», afirmó.
Debido a la lluvia, la peregrinación y vigilia previstas el
sábado en un terreno baldío ahora inundado en Guaratiba, a 60 km
de Rio, fueron anuladas, y la misa de clausura de la JMJ fue
trasladada a Copacabana.
FUENTE: EL ONCE

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