Columna de opinión: «100 Trenque Lauquen»

José Antonio Artusi (*)
El sábado 3 de Octubre de 1868, 9 días antes de asumir la Presidencia de la República, Sarmiento brindó un discurso en Chivilcoy. Allí pronunció esta frase: “Les prometo hacer 100 Chivilcoy en los seis años de mi gobierno y con tierra para cada padre de familia, con escuelas para sus hijos”. La expresión “100 Chivilcoy” utilizada como metáfora de un programa de gobierno, basado en la inmigración, la colonización, la transformación agraria, la ocupación efectiva del territorio nacional unido por líneas férreas y comunicado por el telégrafo, la fundación de nuevas ciudades en un esquema que equilibrara la macrocefalia porteña, la promoción de la agricultura, la industria y el comercio, la participación ciudadana centrada en la autonomía municipal, y la educación pública, laica, gratuita y obligatoria.
En aquel memorable discurso Sarmiento también expresó lo siguiente: “He aquí mi programa, y si el éxito corona mis esfuerzos, Chivilcoy tendrá su parte en ello, por haber sido el pionero, que ensayó con mejor espíritu la nueva Ley de Tierras, y ha demostrado que la pampa no está condenada, como se pretende, a dar exclusivamente pasto a los animales, sino que, en pocos años, aquí, como en todo el territorio, ha de ser luego asiento de pueblos libres, trabajadores y felices”
Sabrina Ajmechet se pregunta: “¿Cómo era Chivilcoy? ¿Y qué significaba que su plan de gobierno fuera hacer cien lugares semejantes?”. Y responde: “En principio, Chivilcoy era una región triguera, a diferencia de amplios territorios de la pampa destinados a la ganadería. La producción agrícola permitía la organización de los chacreros, aquellos farmers que había conocido en Estados Unidos. Que no era solo un modelo de explotación económica, sino una forma de organización social y política. Por un lado, la división de las parcelas hacía posible una gran igualdad social. A esto, se le agregaba la existencia de un mercado, de una comunidad –con su iglesia, su banco, su comisaría, su pulpería, sus asociaciones intermedias y sus escuelas. Siguiendo la idea de Tocqueville de una ciudadanía que se construye a partir de la práctica cotidiana, Sarmiento concebía al municipio como la escuela de la democracia, el lugar en el que esta se aprendía y ejercitaba. La sociedad de mercado se unía a una población letrada, lo que tenía como consecuencia un crecimiento más equitativo. Las escuelas sumadas a las tierras para todos aseguraban cierta igualdad. Así, lo que se producía era una transformación simultánea de las esferas social, económica, cultural y política. Esto llevaba a que la agricultura no fuera, entonces, una forma de organización económica, sino una apuesta por construir una sociedad y una democracia virtuosa”. (Ajmechet 2018).
Todos sabemos que Sarmiento lo quiso como nadie, que sabía cómo hacerlo, y que su programa se llevó a cabo a medias.
Pues bien, así como Sarmiento pudo decir “100 Chivilcoy” en el siglo XIX, nosotros necesitamos decir “100 Trenque Lauquen” en este momento. Le debo la expresión a Sebastián Welisiejko, ex Secretario de Integración Socio Urbana de la Nación, que la pronunció en una charla que compartió con Héctor Floriani sobre la marginalidad urbana. Qué quiero decir con “100 Trenque Lauquen”, la versión contemporánea del “100 Chivilcoy” sarmientino? Una metáfora de un nuevo programa de gobierno, emparentado con aquel, que tenga a la reforma urbana, al derecho a la ciudad y a la vivienda para todos, y al logro de territorios más equitativos y prósperos como uno de sus rasgos centrales.
¿Y por qué Trenque Lauquen?. Porque esta ciudad bonaerense es un ejemplo exitoso de políticas públicas aplicadas consistentemente a lo largo de varios períodos de gobierno en procura de esos objetivos. Porque en un país como el nuestro el acceso al suelo y a la vivienda y la construcción de un hábitat más justo e integrador aparecen como asignaturas pendientes que no podemos soslayar si queremos realmente construir una sociedad democrática y desarrollada, en la que se hagan realidad los derechos y garantías consagrados en la Constitución y las leyes, en la que todos tengan realmente la oportunidad de desarrollar proyectos de vida en condiciones de libertad e igualdad.
¿Qué ha hecho Trenque Lauquen para que la utilicemos en esta metáfora?. Ha puesto en marcha una serie de programas y proyectos que la colocan a la vanguardia en nuestro país en materia de recuperación y reinversión de la valorización inmobiliaria que se genera en el precio del suelo como consecuencia de acciones generadas desde el Estado, básicamente inversión en obras públicas de infraestructuras y equipamiento, pero también por efecto de las modificaciones en la normativa y las decisiones administrativas referidas a la posibilidad de urbanizar, subdividir, construir de acuerdo a ciertos indicadores urbanísticos, admitir determinados usos, etc. Y esa estrategia es clave a la hora de encontrar mecanismos eficaces y viables de financiar el desarrollo urbano, teniendo en cuenta el principio del reparto equitativo de las cargas y beneficios que éste supone. En un país con altísimos niveles de déficit habitacional, con un problema estructural para brindar a sus ciudadanos acceso al suelo urbanizado en condiciones dignas, con el enorme desafío por delante de integrar a la ciudad a más de 400 barrios populares y a la vez detener de manera permanente el problema de la marginalidad urbana; es menester recordar lo que Joan Clos nos dijera en Mendoza en 2007, que el desarrollo urbano genera más valor del que cuesta. El problema en quien se queda con esa diferencia de valor.
Juan Duarte y Luis Baer consideran, en relación a la experiencia de Trenque Lauquen, que    “algunas iniciativas municipales han avanzado en la implementación de la recuperación de plusvalías, como es el caso que aquí se presenta, por lo que ameritan su estudio y difusión.  En primer lugar, porque constituyen experiencias y casos de referencia con cada vez mayor visibilidad para el resto de los municipios del país. En segundo lugar, porque ponen de manifiesto la necesidad de contar con Planes de Ordenamiento Territorial y legislación específica (a escala provincial y nacional) que incorporen la recuperación de plusvalías urbanas como una política pública necesaria para el desarrollo de las ciudades desde un criterio de equidad y eficiencia. En tercer lugar, porque constituye un caso concreto y verificable de mejoramiento de la capacidad municipal para obtener fondos genuinos, especialmente de tierra para el desarrollo urbano y la regulación de la oferta y los precios del suelo. Por último, porque contribuye a la reflexión sobre las posibilidades de replicabilidad en otros municipios pequeños y medianos, aún en contextos donde la normativa de nivel superior resulte poco favorable a la implementación de este tipo de instrumentos. En este marco, el caso de Trenque Lauquen constituye una experiencia que ofrece la posibilidad de pensar logros, dificultades y desafíos que conlleva la aplicación de la Contribución por Mejoras, como instrumento de recupero de una parte de la valorización inmobiliaria atribuible al accionar del Estado”.  (Duarte y Baer 2014)
A la hora de evaluar la experiencia, los autores mencionados señalan que “uno de los aspectos positivos de la experiencia es que, a pesar de las limitaciones normativas existentes, un municipio pequeño/medio (43.000 habitantes) logró recuperar plusvalías de manera eficaz y sencilla. Contra el imaginario instituido en la gestión pública que suele desalentar este tipo de iniciativas, la recepción de la CM entre los actores locales, incluyendo a los propietarios y agentes inmobiliarios, fue asimismo muy favorable. Si bien la gama de hechos imponibles es amplia, la CM se aplicó principalmente para la aprobación de loteos en la periferia de la ciudad donde antes no estaban permitidos. Es decir, se aplicó mayormente en los casos con mayores incrementos de precios del suelo, esto es, en la rezonificación de usos del suelo de rural a urbano. La CM facilitó así la recuperación de importantes recursos para el desarrollo y el financiamiento urbano. Como consecuencia de la aplicación del instrumento, se generó un importante stock de tierra urbanizada y urbanizable de propiedad municipal (dominio público y privado), al mismo tiempo que se produjo una cantidad importante de terrenos de propiedad privada que permitieron incrementar la oferta de suelo urbanizado. También merece destacarse la combinación entre instrumentos tributarios y de política urbana que abrió la posibilidad de recuperar plusvalías ad-hoc, por ejemplo mediante la compra de tierra a precio rural (con algo de expectativa de valorización) previo a su rezonificación a uso urbano. Finalmente, no debe menospreciarse la función estratégica que cumple la adquisición de una gran cantidad de tierra urbana que puede utilizarse para la concreción de diversas políticas públicas, como la construcción de equipamiento y de viviendas de interés social. Al disponer de terrenos urbanizados, los recursos públicos nacionales y provinciales en diferentes programas de vivienda pueden ser volcados hacia la construcción de vivienda de mayor tamaño y mejor calidad.” Y podríamos agregar, mejor localizadas, evitando esa perversa tendencia tan común en nuestro país a partir de los programas federales de localizar conjuntos de viviendas de interés social en periferias suburbanas, desconectadas, segregadas, lejos de todo, contribuyendo así a generar un notable encarecimiento de la provisión de infraestructuras y la prestación de servicios, problemas de movilidad, segregación residencial, falta de equipamiento, e inconvenientes de todo tipo.
En una charla organizada recientemente por la Fundación Alem el Intendente de Trenque Lauquen, Miguel Angel Fernández, además de reconocer que obviamente no están exentos de problemas y que todos los días surgen nuevos desafíos, mostró algunos de los valiosos logros que pueden exhibir, en una verdadera política de Estado que va desde  la Ordenanza de Círculo Cerrado de Viviendas hasta la Ordenanza del Fondo Municipal de Tierras y la Aprobación del Plan Director de Ampliación Urbana, entre otras normas y programas.
En Trenque Lauquen no hay “barrios populares” (ese eufemismo que hemos acuñado para referirnos a las villas y asentamientos informales que evidencian el fracaso desde hace décadas para facilitar a todos el acceso al suelo urbanizado en condiciones adecuadas) ni “barrios cerrados” (ese eufemismo, casí un oxímoron, que hemos acuñado para referirnos a urbanizaciones que reniegan de la ciudad y constituyen ghettos para quienes pueden afrontar el costo de esta segregación voluntaria). Tampoco hay conjuntos de viviendas sociales ubicados en periferias carentes de vida urbana. En otro artículo nos hemos referido a estos 3 modelos como la “NO ciudad”, la expresión residencial y territorial de  una sociedad cada vez más desintegrada y desigual, cada vez más injusta e insegura, insalubre e insostenible.
Para volver a tener “ciudades” en el verdadero y pleno sentido del término, ámbitos físicos de la búsqueda en común de un futuro mejor, para lograr un hábitat que contribuya a construir ciudadanía, a promover la prosperidad, la justicia social y la convivencia pacífica y solidaria, Trenque Lauquen puede ser un espejo muy valioso en el que mirarnos.

Necesitamos 100 Trenque Lauquen.

 

(*)Ex Diputado provincial
    Cambiemos

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