Sobre políticas públicas y soberanía se debatió en el Congreso de Agrobiotecnología.

Con el objetivo de analizar aspectos técnicos, económicos, políticos, jurídicos y de gestión y con el fin de vincular la biotecnología aplicada al sector agropecuario, se desarrolló en Paraná la quinta edición del Congreso Nacional e Internacional de Agrobiotecnología, Propiedad Intelectual y Políticas Públicas.

Expertos de distintas disciplinas expusieron a lo largo de dos jornadas. En las diversas conferencias, se habló de la disputa por la renta, los escenarios y actores vinculados a la agrobiotecnlogía, las estrategias de innovación entre lo público y lo privado y se analizó la posibilidad de desarrollar una empresa nacional de biotecnología.

La ley de semillas, las patentes, la propiedad intelectual, los distintos modelos de negocios, la exposición de investigaciones, el rol de la educación superior en agrobiotecnología y la organización de los productores fueron otros de los temas presentes en las ponencias.

En la apertura formal, tras las palabras de bienvenida del director de la regional Entre Ríos del INTA, Oscar Valentinuz, hicieron uso de la palabra representantes de distintos sectores. Raúl Pagnoni, titular de la Cámara Argentina de Semilleros Multiplicadores (Casem) planteó la importancia de fortalecer la inserción de la biotecnología en el esquema productivo agropecuario y llamó a discutir acerca del lugar que debe ocupar la biotecnología en el sistema de producción. También postuló la necesidad de que en la normativa se declare a las semillas como un bien estratégico nacional que da inicio al sistema productivo de la república.

Esteban Motta, de la Federación de Cooperativas Federadas, dijo a su turno que “parte de la discusión de este congreso es y debe ser fijar una posición política fuerte para definir si la biotecnología va a ser parte de un proceso de desarrollo nacional inclusivo y con accesibilidad para los distintos sectores de la cadena, o si va a ser una herramienta en manos de los grupos concentrados, que no solamente pretenden quedarse con el control de la tecnología y el desarrollo tecnológico, sino también con el control de la comercialización y del desarrollo del sector agropecuario de la Argentina”.

En la misma línea se pronunció, Salvador Bergel, profesor titular de la cátedra Unesco de Bioética de la Universidad de Buenos Aires (UBA: “Si vamos a hacer una reforma debemos plantear sobre qué bases, sobre qué intereses se va a apoyar la nueva ley de semillas, sin verlo como algo neutro sino como un que expresa intereses sociales, políticos y, fundamentalmente, económicos”.

Participaron de la actividad estudiantes, profesionales, técnicos, autoridades nacionales, provinciales y municipales, representantes de la Bolsa de Cereales, de la Federación Agraria, del Conicet, del INTA, el INTI y de distintas entidades.

Rol del Estado

En representación del gobierno de la provincia, asistieron los ministros de Cultura y Comunicación, Pedro Báez, y de Producción, Roberto Schunk. Báez resaltó el significado del lema del encuentro: “Biotecnología para el Desarrollo Nacional y Soberanía Tecnológica”. Dijo que “cobra relevancia en medio de la disputa digna de Argentina contra los capitales concentrados internacionales” y señaló: “El conflicto con los fondos buitre nos obliga a construir la unidad necesaria para superar esta instancia y nos muestra la importancia de construir herramientas para la etapa que necesariamente se viene, de desarrollo social, económico y productivo”.

“Lo que se discute, en definitiva, determina la vida y el futuro de los argentinos. Tenemos que dejar atrás la lógica perversa del endeudamiento eterno y, a la vez, debemos encontrar una forma de zafar del peligro de la ola patentadora, que significaría una brutal transferencia de ingresos a los sectores concentrados, a los que lo único que les interesa es aumentar a niveles extraordinarios su rentabilidad y en ningún caso les importan la economía del país o las condiciones de vida y la seguridad alimentaria de nuestro pueblo”, reflexionó.

“La biotecnología y el manejo de la genética se han tornado absolutamente indispensables. Por eso el Estado debe fortalecer su presencia y accionar proactivo con la aplicación de recursos y con políticas que incidan en la redistribución de la renta. En el centro de esa definición tienen que estar actores nacionales como los trabajadores, los pequeños y medianos productores, los profesionales, los técnicos, los estudiantes”, postuló el ministro de Cultura y Comunicación.

“Son cuestiones centrales que tienen que ver con el futuro, al que vamos porque de algún lado venimos: de 50 años de destrucción sistemática que recién se empezaron a revertir en mayo de 2003. Todos las sabemos, pero quiero recordar algunas cuestiones: venimos de economías regionales destruidas, del borde de la disolución nacional y social y de un ministro de Economía que mandaba a lavar los platos a científicos e investigadores. Con esto no queremos decir que está todo bien, ni desconocemos los problemas actuales. Dimos pasos enormes y es enorme lo que falta. En Entre Ríos lo tenemos claro porque vemos la transformación lograda por nuestro gobernador Sergio Urribarri”, hizo notar.

“Urribarri es el responsable de haber sacado a Entre Ríos de un estado de postración histórica. Lo decimos tan orgullosa como humildemente: tenemos una provincia que se erige en un modelo para que el concierto de las provincias argentinas se identifiquen en sus costados más virtuosos. También Urribarri nos contagió de desafíos importantes y así como los argentinos logramos generar condiciones para que más de 1.000 científicos e investigadores retornen a la patria, en Entre Ríos nuestro gobernador multiplicó por diez el presupuesto destinado a la ciencia y la tecnología y por eso tenemos un 95% más de investigadores y duplicamos los proyectos aprobados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Son aspectos centrales en una provincia que es la primera productora de cítricos dulces, la segunda en producción de arroz, la tercera en el sector foresto industrial y la cuarta en oleaginosas”, cerró Báez.

Schunk, a su turno, expresó que “el gran desafío para este congreso es analizar el lugar del conocimiento, la investigación y la innovación tecnológica en los procesos productivos”. Además, señaló que “es función del Estado asumir un rol protagónico para que estas innovaciones lleguen al productor”.

El ministro de Producción destacó la creación de más de 50 cooperativas en distintas cadenas de valor por parte del gobierno y planteó el debate sobre “cómo se reparten los frutos de esta revolución tecnológica”. “Lo importante es que la apropiación de estos conocimientos sea aprovechada por los distintos actores, no sólo por las empresas transnacionales que se llevan gran parte del esfuerzo y el trabajo de muchísimos argentinos”, concluyó.01

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