Algo está muy mal en la sociedad.

La trágica muerte de un niño de seis años tras un accidente de tránsito, que enlutó este viernes a Paraná, cuando junto con su hermano de 11 ingresaban a la escuela Del Centenario, obliga a reflexionar sobre los problemas de una sociedad que está enferma, teñida de violencia, de desaprensión, de droga, de corrupción y de desprecio absoluto por la vida, propia y ajena.
Lo primero que se supo esta mañana, cuando ocurrió el trágico incidente sobre calle Alameda de la Federación, es que Silvio Díaz, el conductor del Volkswagen Voyage que chocó contra varios autos, volcó y mató al niño de seis años e hirió a su hermano de 11, habría estado alcoholizado.

Lo grave es que Díaz, dueño de una agencia de autos usados, tiene antecedentes: hace algunos años tuvo un accidente del que salió herido. Además, registra numerosos choques, producto de la alta velocidad con la que acostumbra a circular. En este punto, cabe preguntarse dónde estuvo el Estado, que no le retiró a Díaz su licencia de conducir cuando había motivos suficientes para que lo hiciera. Otro dato: a las 8 de la mañana, cuando la mayoría de los ciudadanos marchan a su trabajo, este hombre circulaba alcoholizado y manejaba a alta velocidad. Fiesta para unos, trabajo para los demás.

En diciembre pasado, la Asociación Luchemos por la Vida, que trabaja hace más de 20 años para que no mueran más personas en accidentes de tránsito evitables, realizó una encuesta entre conductores y concluyó que la agresividad al volante es “muy grave”.

En lo que se refiere a la conducción agresiva, la encuesta mostró que tanto en varones como en mujeres reconocen “olvidar” la prioridad al peatón en las esquinas: el 94 por ciento de los conductores reconoció que no le otorga paso. ¡Sálvese quien pueda, si puede!

La Argentina es uno de los pocos países en el mundo en que los peatones tienen que pararse para darle la prioridad a los vehículos y no al revés. Y como no se labran infracciones, no hay mejoras.

Otras formas de violencia
La sociedad está enferma y padece numerosas formas de violencia. Los hechos delictivos no sólo aumentaron en cantidad, sino también en agresividad.

La droga arrasa sin piedad y potencia conductas violentas y descontrol en quienes consumen y delinquen, lo que provoca una escasa valoración de la vida propia y de la ajena.

Hace pocos días, en Lomas del Mirador, de Paraná, una docente fue asaltada a punta de pistola en la puerta de la escuela por un muchacho al que reconoció como su alumno. Esa reiteración de hechos violentos alimenta en la población el enojo y la indignación, que toma por cuenta propia la “justicia por mano propia”, porque siente que el Estado le soltó la mano.

A eso hay que sumarle el bullying y otras formas de violencia, en particular, entre los más jóvenes. Nadie queda exento. El brutal asesinato del docente Claudio Vera, muerto tras padecer una larga agonía provocada por sus asesinos, desnudó la perversidad e impunidad con que se manejan algunas personas, lo cual pone en el tapete el fracaso de las políticas de Estado.

Corrupción: peso muerto sobre los vivos
El diccionario de la Academia define a la corrupción como “la utilización de las funciones y medios de las instituciones públicas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Al cabo de una declinación de décadas, sin gloria pero cada vez más rápida, los argentinos no se imaginan siquiera que alguien pueda querer un cargo público para otra cosa. Y si que llega a quererlo y obtenerlo, se corrompe y acompaña o lo echan a cascotazos.

Se ha llegado a “naturalizar” la corrupción como algo tan presente y necesario como el aire, incluso desconfiarían si de pronto por un milagro inconcebible, dejara de haber corruptos en la Argentina.

Es decir, han llegado a “naturalizar” la corrupción como algo tan presente y necesario como el aire, incluso desconfiarían si de pronto por un milagro inconcebible, dejara de haber corruptos en la Argentina.

El caso es que no se trata solamente de los funcionarios públicos, se trata de todos. “El que no afana es un gil” según la expresión permanentemente actual de Enrique Santos Discépolo que no se refiere al gobierno solamente, ni siquiera principalmente, sino a todos sin excepción.

Entre Ríos es la provincia con mayor índice de cesáreas programadas, lo que hace sospechar que a muchos médicos –como en todo, hay honrosas excepciones- les reditúa más una cirugía que un parto natural. Asustan a las madres y si son primerizas, peor. “Mamá, el chico viene de nalgas, vamos a tener que operar”. En este caso, violencia y corrupción, van de la mano.

Corrupción es también el dolor de una madre que se quedó sin hija por la inseguridad. Una
familia que perdió a su hijito, producto de la inseguridad vial. Corrupción es una ciudadana sin justicia, por la ineficiencia e ineptitud del Poder Judicial… Para muestra, basta un botón.

En este análisis también cabe una mirada crítica a los periodistas y a los medios de comunicación, que no siempre informan con responsabilidad, como debe ser, si se asume que el periodismo es un servicio y no una oportunidad.

Un momento de reflexión
Corresponde preguntarse entonces qué se rompió en algún momento de nuestra historia reciente, qué propició que una sociedad conformada -en gran parte- por gente honesta, trabajadora, luchadora y dispuesta a salir adelante, se comporte de la manera salvaje e insana como lo está haciendo ahora.

Salta a las claras que algo falla: falla el Estado, que está ausente con sus políticas; falla la educación, que dejó de aportar elementos claves para la formación de niños y jóvenes; falla la misma sociedad, que acepta todo tal cual se lo ofrecen y no hace nada para rebelarse y cambiar -aunque más no sea- una baldosa de la vereda de su casa.

Todos somos responsables, en mayor o menor medida. En la vertiginosidad que impone este Siglo XXI, tenemos la obligación de preguntarnos qué tipo de nación, de provincia, de ciudad vamos a dejarles a las generaciones futuras; qué esperanza de un futuro mejor les estamos construyendo…o destruyendo. Y qué haremos entre todos para construir una sociedad mejor, con respeto a los valores, al prójimo, y a la vida misma.
De la Redacción de AIMtimthumb (4)

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