La Mesa de Enlace a seis años de la 125.

A seis años de aquel hecho histórico, el avance del Estado sobre la rentabilidad del campo se ha profundizado exponencialmente. Lamentablemente
hoy, estamos peor que en el 2008 y a la situación económica a la que nos empuja el gobierno, a lo que se suma la falta de diálogo, que deteriora aún
más la frágil situación en la que nos encontramos como ciudadanos y trabajadores, nos obliga a redoblar el compromiso de defender a nuestros
pequeños y medianos productores.

La profundización de la crisis no nos ha desalentado como dirigentes. Contrariamente, hemos aprendido de esa dura expriencia y por eso avanzamos
hacia adentro de cada una de las entidades y hacia afuera, imprimiéndole acción política al campo y participación.

Sabemos que nadie recoge los frutos sin plantar el árbol; y por eso seguimos abonando con compromiso y militancia gremial la defensa de nuestros productores, aunque cargamos ahora la experiencia de ese tiempo que sigue fresco en la memoria colectiva de nuestros pueblos.

El Estado en la última década ha sido incapaz de motorizar políticas que alienten un círculo virtuoso de trabajo, pleno empleo, desarrollo y crecimiento
del sector.Los tiempos de bonanza de la soja responden al contexto de precios internacionales y no a políticas de este gobierno que ha desaprovechado
las mejores oportunidades, perdiendo así mercados que llevaron años conquistar, arrastrando a los productores en esas pérdidas.

La crisis agropecuaria no es un factor nuevo, pero nunca ha sido tan larga y profunda. Y jamás tan desconcertante: No hay un sólo argumento
razonable que justifique las decisiones de los funcionarios en materia agropecuaria, ya que cada una de ellas a ido cortando de cuajo nuestras
posbilidades de desarrollo y crecimiento y al hacerlo, lastimó también las potencialidades del país.

En estos seis años, luego de aquel histórico «no positivo» se ha profundizado la descapitalización de nuestros pequeños y medianos productores porque pudimos resistir las retenciones, pero no hemos podido frenar la avaricia fiscal de los gobiernos que se están llevando, de un manotazo, y con cada suba de impuestos, nuestro trabajo y futuro, porque para poder pagar estos excesivos tributos, estamos vendiendo nuestro capital o endeudándonos mientras la inflación nos pisa los talones y muerde los precios pisados del campo que contrastan con un dólar oficial que es el que nos imponen para vender y uno libre que es el que nos obligan a pagar para comprar nuestros insumos.

Las familias, que son el engranaje que mueve al campo, también han sido profundamente dañadas porque al ir contra nuestra rentabilidad han
resentido el futuro.La débil economía del productor obliga a sus hijos a buscar otro norte; y al hacerlo engrosan, en nuevas migraciones internas, los
cordones de pobreza de las grandes ciudades. Sus oficios, tan necesarios en la cultura del trabajo del campo, se mudan a donde no los necesitan
y nosotros perdemos mano de obra calificada y la continuidad de los nuestros en la administración de la tierra, que es lo que sabemos hacer y
en muchos casos hacemos de generación en generación.

A seis años de la 125, no ha caído sólo el campo. El país ha perdido la credibilidad de los mercados internacionales; la confianza de los inversionistas,
sus lugares en los ranking de producción y hemos cedido, por negligencia, nuestros competitivos primeros puestos a países límitrofes que
aprendieron de nuestros errores y hoy lideran, frente a la desidia de este gobierno, las exportaciones agroalimentarias, empujando una matriz de crecimiento que nosotros hubiéramos podido protagonizar para ganancia de todos.

El tiempo ha pasado y seguimos con las heridas abiertas pero con la misma fortaleza que nos llevó entonces a las rutas. Esta lucha, es una más. En todo caso, es quizás la más bravía por la desiguldad entre sus actores porque el gobierno fija las políticas y nosotros ponemos la fuerza de trabajo, el capital y brindamos al país alimentos y una recaudación varias veces millonaria.

Nuestro productores, sus familias y las mujeres rurales, están acostumbrados a enfrentar las peores condiciones.Seguimos tierra adentro, detrás de cada tranquera, enfrentando las políticas adversas. Sabemos que estamos cerca de que esto cambie, quizás entonces nuestras convicciones que tienen el espíritu del progreso justo de los hombres que trabajan, podrán ver la luz para que volvamos a ser protagonistas de nuestro futuro y crecimiento. Nosotros, los hombres y mujeres del campo, no vamos a bajar los brazos porque no somos sólo lo que producimos, el campo, es también lo que somos.

FARER- FAA- SRA- FEDECO
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