GUALEGUAYCHU :Stefanía demostró que el esfuerzo supera las barreras y fue abanderada.

Stefanía Bachello tiene 21 años. Sufrió asfixia en el momento de nacer y ello dejó secuelas motrices. No camina, no puede comer sola, ni vestirse, higienizarse o escribir, entre otras limitaciones. Pero su capacidad intelectual es brillante. Tanto, que terminó el secundario siendo abanderada. Ella es un ejemplo de que sí se puede.

Estela Gigena

Stefanía es una joven llena de vida. Sonríe todo el tiempo y sabe lo que quiere. Las secuelas que le dejó una asfixia en el momento mismo de su nacimiento no son óbice para lograr cada cosa que se ha propuesto en su vida, tal como lo cuenta su mamá, Flavia Mari.

A los 6 años, cuando debía comenzar la escuela primaria comenzó a usar silla de ruedas y Stefanía no quiso concurrir a clases en silla de ruedas. Entonces fue al Instituto IDEA, tuvo maestras particulares e hizo terapia. “Dos años después, Cachi Ronconi – la directora de la escuela – nos dijo que era una lástima que no fuera a escolaridad común”, recordó Flavia. Y fue así que comenzó la primaria, a los 8 años, en la Escuela Rawson. Allí hizo toda su primaria, en una experiencia que resumen como “enriquecedora”. “Los compañeros eran espectaculares y los docentes también. Fuimos aprendiendo juntas, porque 15 años atrás no estaban preparados para nada, no era tan común tampoco; así que con un montón de voluntad, fuerza y cariño de todos los docentes, Stefanía hizo la primaria perfectamente bien”, aseguró Flavia.

Destacó luego que la escuela no tenía presupuesto y sin embargo “se hicieron modificaciones. Por ejemplo, en computación y talleres, que estaban en planta alta,  bajaban para que ella pueda participar. Cuando había actos que no se podía bajar a toda la escuela, siempre mi esposo, el ordenanza y todo el mundo colaboraban para subir la silla. O sea, ella nunca quedó afuera de nada”.

 

La secundaria

El inicio de la secundaria fue “como empezar de cero”, contó la mamá de Stefanía. “La primaria al principio fue un poco complicada. Porque uno va conociendo este hijo diferente; acompañando, aprendiendo las terapias, la cuestión de los médicos es medio agotadora también; unos te dicen una cosa, otros te dicen otra y no sabés para dónde ir. La verdad es que me sentía aterrorizada cuando empezó la secundaria. Y ella también tenía miedo, pero quería hacerla”, confió Flavia.

En principio la inscribieron en el aula satelital, pero a menos de un mes de iniciarse las clases les comunicaron que no podría cursar allí porque no le daba la edad. Stefanía tenía 15 años y el curso era para adultos. “Estábamos en febrero y no tenía banco. Yo creí que me iba a morir, ¡Stefi no tenía banco!”, confió Flavia recordando la angustia vivida esos días.

Fue una amiga de su madre la que le aconsejó hablar con Carlos Etchazarreta, quien era director de la Escuela Héroes de Malvinas y allí fue. “Sin conocerme, me atendió maravillosamente y cuando le comenté la situación me dijo: ‘mire señora, la verdad es que no tengo banco, porque para primer año es complicado. Pero usted quédese tranquila, que yo de donde sea le voy a dar un banco a Estefanía y la vamos a integrar”. Esa respuesta hizo llorar de agradecimiento a Flavia, porque – explicó –   “nunca nada me había sido tan fácil, todo me había costado horrores”. Tan generosos fueron en esa escuela que “inclusive había una compañera de Stefanía de la primaria que la pusieron junto con ella para que no se sintiera tan sola”.

 

Ponerse en la piel

Flavia siente profundo agradecimiento a los compañeros de su hija y a los profesores, “que la han acompañado, la han ayudado y la han integrado”. Y contó una situación que muestra a las claras la predisposición de la escuela y sus docentes en hacer que Stefanía se sienta integrada. “Un año, una profesora que era nueva no le entendía mucho cuando Stefi hablaba y no sabía cómo resolverlo. Una vez le dijo: “Stefanía, yo no te entiendo” y Stefanía se puso a llorar. La profesora se sintió tan mal que vino a hablar conmigo, a ver cómo podíamos hacer, porque ella quería ayudarla pero no sabía cómo. Entonces estuvimos acá toda una tarde, tomamos mate, la vio cómo se desenvolvía con nosotros, cómo conversaba con nosotros, con los hermanos. Ella tiene una compu adaptada donde estudia sola y navega en Internet, donde hace sus tareas, tiene sus fotos. Y la profesora vio cómo era Stefi, cómo se manejaba en casa. Allí cambió todo”.

 

Stefanía por Stefanía

Stefanía es una joven muy simpática. Le encantó que la hayamos entrevistado y festejó con una sonrisa increíble los relatos  risueños de su madre. “Es re tragalibros. Y además de que es traga, no le gusta faltar a la escuela, aunque llueva. Ella entraba a las 7:15 y la tenía que levantar 6:20. Entonces le decía ‘son dos horas de clase ¿No querés faltar?’ No. Firme”.

Stefanía no puede escribir manualmente, por lo tanto su medio de estudio se centra en una computadora adaptada, donde estudia, hace sus tareas, imprime y envía mails a los profesores. Y además de ir a la escuela, hace terapia ocupacional y natación.

Cuando le consultamos a Stefi cuáles eran sus materias favoritas aseguró que son dos: Lengua y Biología, y que Matemática le gusta “más o menos”. Entre sus hobbies mencionó: navegar por Internet, escuchar música, pasear y conversar.

Y adelantó que el año que viene piensa estudiar Diseño Gráfico, aunque aún no han decidido si lo hará a través de un curso o en la universidad. “Tener que cursar y todo eso, físicamente le demanda mucho esfuerzo, y este año terminó con el último de los alientos, hasta con vitaminas”, contó Flavia.

El promedio que la hizo portadora de la bandera de Entre Ríos en su último año de secundaria fue de 8,79, pero ella también fue escolta de la bandera los dos últimos años.

La gran emoción

En el acto de entrega de títulos, Stefanía fue la última en recibirlo. “Yo pensé que era por la silla de ruedas, que se vuelve incómodo para movilizarse”, expresó Flavia. Pero no. “La profe que estaba guiando el acto dice: ‘como ustedes verán, nos falta entregar un título, el de Estefanía Bachello. Es un título muy especial para todos. Y por eso pidió especialmente que lo entregara Carlos Etchazarreta, que tuvo unas palabras divinas para nosotros”, recordó; y contó que lloraron todos, “toda la escuela lloraba”, resumió.

Flavia no tiene palabras para agradecer la generosidad con que integraron a Stefanía a la Escuela Héroes de Malvinas. “Los compañeros han sido con Stefanía fantásticos y los profesores también. Uno lo toma como normal porque es lo que uno vive a diario, pero a veces es difícil para las otras personas entenderle, darle un espacio”.

 FUENTE DIARIO EL DIA GUALEGUAYCHU.stefania-recortada

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