
Por Roberto Romani
Hoy evocamos con emoción y gratitud a Claudio Martínez Paiva, uno de los grandes creadores de nuestro país, que alumbró con fundamento y gracia los escenarios libres.
Nacido en Gualeguaychú, el 9 de octubre de 1887, desde muy joven comenzó a compartir con familiares y amigos las expresiones camperas de nuestra región.
Fue escritor, poeta, dramaturgo y periodista, mereciendo por su quehacer comprometido con el pueblo, innumerables distinciones.
Al analizar sus obras teatrales, Néstor Delgado señala que los personajes “tienen la belleza de las cosas y los seres que palpitan, porque fueron escritos con nuestra sangre y con nuestra tierra.
Buscó en la poesía y en el teatro un bello ropaje para realzar sus pensamientos”.
Sus obras llevan arraigada la estirpe criolla, su garra de trabajador incansable.
Entre las figuras más notables que representaron sus dramas y recitaron sus poemas, podemos nencionar a Pablo Podestá, Santiago Arrieta, Enrique Muiño, Elías Alippi, Tita Merello, Eva Franco, Fernando Ochoa y Lola Membrives.
Rodeado del cariño y admiración de quienes habían disfrutado de su impronta popular, murió en Buenos Aires, a los 82 años, el 24 de marzo de 1970.
Muchas veces hemos recitado sus poemas. Y lo seguiremos haciendo, con la sensación de trasmitir a nuestra gente, las emociones más puras de la patria.
Aquí, un fragmento de “Mayorcito”, donde el criollo viejo aconseja a su hijo, con amor y compromiso gaucho.
“Y si un día un extraño de su suelo, o un renegau de corazón y lengua,
de esos que han olvidau hasta la madre, le perdiese el respeto a la bandera.
Ahí sí, mihijito, tápese los ojos.
No mire cuantos son, ni quienes sean, y entre a lo varón, nunca más hombre.
Nunca más firme el brazo y la respuesta.
Argentino, por raza y por orgullo.
Argentino, en las malas y en las guenas.
Y que caiga quien caiga.
Así me llamen para levantar yo mismo su osamenta.
Porque el que mata o perece por la patria, ha cumplido la ley de nuestra tierra”.
ROBERTO ROMANI















