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May 13 2017

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El Papa celebra los 100 años de la aparición de la Virgen de Fátima.

Hoy serán canonizados dos de los tres pastorcitos a los que la Virgen les confió tres secretos.
Como uno más de 300.000 feligreses que han llegado al santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal, anoche el papa Francisco rezó el rosario en la explanada del lugar, donde hace cien años la Virgen se les apareció a tres sencillos patorcitos.
Minutos antes de empezar el rezo, el pontífice argentino permaneció de pie en total recogimiento durante unos 10 minutos ante la imagen entallada en madera de cedro y con la corona con la bala que hirió a Juan Pablo II en 1981.
Lo mismo había hecho en la mañana, cuando arribó a este lugar donde este sábado celebrará una misa en la que canonizará a dos de los niños pastores, Jacinta y Francisco, que murieron de 9 y 10 años de edad por la gripa española. Lucía, la tercera y quien se hizo monja, murió en el 2005.

En su mensaje a los fieles, Francisco rechazó la idea de un Dios “justiciero” y de una Virgen María como “una santita a la que se acude para conseguir gracias baratas”.

Secretos de la Virgen
Los dos niños serán declarados santos tras haber confirmado el Vaticano dos milagros a su nombre. El último de ellos ocurrió en 2013, cuando un niño brasileño de 5 años sufrió una caída que le provocó un traumatismo craneal y se curó rápidamente y sin explicación científica.

La aparición de María y los secretos que les confió a los niños portugueses son uno de los misterios modernos de la Iglesia católica. Según la creencia, en el humilde pueblo de Fátima, Francisco, Jacinta y Lucía vieron por primera vez a la madre de Jesús el 13 de mayo de 1917.

El sacerdote argentino Carlos Tejedor, director de Los Caballeros de la Virgen, una congregación dedicada a difundir el evangelio y la devoción en Colombia, afirma que los pastorcitos sostuvieron cinco interlocuciones más con la Virgen, los 13 de cada mes hasta octubre de ese año, y en esos encuentros María habría revelado un secreto, que la Iglesia católica consideró como profético de la historia del siglo XX; y fue divulgado en dos momentos distintos.

En julio de 1917, según la versión oficial de la Iglesia, María les hizo ver a los pequeños “el infierno de las almas condenadas”. Luego, advirtió que “si bien las naciones serían devastadas porque la humanidad estaba apartándose de los caminos de Dios, por encima de la maldad de los hombres su inmaculado corazón triunfaría”, algo que, según Tejedor, se evidenció en las guerras mundiales y en los regímenes totalitarios del siglo XX. Estas dos primeras partes fueron anunciadas por Lucía en 1942.

En el año 2000, el papa Juan Pablo II dio a conocer el fragmento final. Entre otros apartes, menciona literalmente –según el texto escrito por Lucía– que un santo padre “fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones”.

Aunque hay un debate generalizado sobre el mensaje y su intención, Joseph Ratzinger, antes de ser papa, interpretó, en palabras que publica el portal católico Aciprensa: “La visión tan angustiosa en su comienzo se concluye, pues, con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano y, precisamente, una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre (…)”.

En su momento, los pastorcitos prometieron no contar lo revelado por María, la que describían como una figura que “brillaba como el sol y era de una inmensa belleza”. Pero, al final fue Jacinta quien contó a su madre el primer encuentro, y el suceso culminó en boca de la pequeña localidad, relata Tejedor.

Para reafirmar lo dicho, la Virgen les prometió a los niños que al final de las apariciones haría una manifestación visible para todos. Tejedor asegura que documentos de la época dan cuenta de que ese 13 de octubre –el día del último avistamiento– ocurrió un fenómeno atmosférico por el cual “parecía que el sol bailaba, que se alejaba y se acercaba”, ante la presencia de miles que habían llegado en romería.

Según el sacerdote, la Virgen también les contó a los pastorcitos su futuro: Francisco y Jacinta se irían pronto a su lado y Lucía, la mayor, se quedaría en la Tierra revelando el secreto.

Pastorcitos santificados
Lisboa (Efe). La curación total de una grave lesión cerebral que padecía un niño brasileño fue lo que, al ser reconocido como milagro por la Iglesia, hará posible la próxima canonización de los hermanos Francisco y Jacinta Marto, dos de los tres pastores de Fátima testigos de las apariciones marianas.

Francisco (1908-1919) y Jacinta (1910-1920), junto con su prima mayor Lúcia (1907-2005), aseguraron ver a la Virgen en 1917, en varias apariciones cuyo centenario se conmemora con la presencia del papa Francisco.

La historia que justifica el paso de beatos a santos de los hermanos portugueses, hasta ahora envuelta en secretismo, fue desvelada el viernes en Fátima por los padres del niño, João Baptista y Lucila Yuri, que llegaron procedentes del estado de Paraná (Brasil).

Según el relato del matrimonio, su hijo Lucas sufrió una grave lesión cerebral al caer por una ventana en marzo de 2013, cuando tenía 5 años. El desolador pronóstico médico le auguraba “pocas probabilidades de vivir”, y si sobrevivía lo haría “con grandes deficiencias cognitivas o, incluso, en estado vegetativo”.

Fue entonces cuando la familia, que se declara devota de Fátima, rezó a los pastores y pidió a una comunidad cercana de carmelitas que también lo hicieran. Días después, Lucas muestra una recuperación total, sin ninguna secuela.

Lucía Dos Santos, la mayor de los tres pastorcitos, se hizo monja y falleció en 2005; el Vaticano plantea beatificarla.
En el 2006, Héctor Tobo, de 46 años, vivió una de las experiencias más importantes de su vida: estando en el santuario de Fátima sintió la lluvia en un lugar cerrado. Esta es una de las llamadas manifestaciones marianas más conocidas. “Logré sentir el rocío, que es como se llama a este tipo de experiencia tan fuerte”.

Músico javeriano con estudios en ingeniería, le dio un vuelco a su vida gracias a su devoción a la Virgen María, especialmente a la advocación de Fátima. “Ella me regaló una familia, una esposa y el trabajo que tengo ahora como cantautor y predicador religioso, a punto de lanzar mi octavo disco de este tipo de música”, dice este ‘embajador’ de la Virgen de Fátima en Colombia.

“La Virgen me sacó de los bares –asevera–. Antes pensaba que la felicidad era vivir en medio de la bohemia, de la fiesta. Ese era mi referente de felicidad, pero cuando la Virgen me acercó a Dios, supe que la felicidad verdadera es la paz interior, en el corazón; eso sí, sin dejar de hacer las cosas normales que la gente hace”.

La relación de Héctor con la Virgen María se remonta al año 2000. Estaba en Perú y una indígena se le acercó para decirle que la Virgen le tenía un mensaje y una misión. “Seis años después, una vidente me concretó el mensaje: acercar a las personas a Dios a través de la música”, afirma este chiquinquireño.

Cinco meses de indulgencias
A propósito del centenario de la primera aparición de la Virgen de Fátima, el papa Francisco decretó una jornada de indulgencias que comienza este sábado 13 de mayo y se celebrará el día 13 de cada mes, hasta octubre próximo. Esta oportunidad para los católicos hace parte del Año Jubilar, que comenzó el 27 de noviembre del 2016 y terminará el 26 de noviembre de este año.

El padre padre Juan Álvaro Zapata, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal, explica de qué se trata. “Las indulgencias no perdonan los pecados, lo que hacen es quitar, suprimir y reprimir la culpa o el castigo que merecemos por nuestros pecados”. No obstante, explica que para el perdón del pecado es indispensable la confesión. Para recibir esta gracia de Dios, establecida en las normas de la Iglesia católica, los creyentes deben visitar un santuario mariano donde, ojalá, haya una imagen de la Virgen de Fátima. Deben ir confesados, rezar la oración del Credo, rezar por las intenciones del santo padre y comulgar.

“Al hacer esto se recibe esta bendición espiritual del Señor que es la indulgencia”, añade el padre Zapata. Las personas que por situaciones de salud no puedan ir a un templo pueden hacerlo desde el sitio donde estén, ofreciendo una oración especial a la Virgen de Fátima. Quienes deseen más información pueden acercarse a las parroquias.

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